
SÁBADO 30 DE MAYO, ESTADIO CIUDAD DE LA PLATA
TU ALMA ES LA FUERZA
Más de 45 mil personas colmaron el Estadio Único para ver a La Renga (de la cabeza). Con clásicos, temas del último disco y un adelanto del que preparan, la banda de Mataderos deslumbró una vez más a su público.
Por Julieta Roffo
Por la autopista Buenos Aires – La Plata , los micros viajaban con sus ventanillas cerradas y, en contra de la costumbre, las banderas esperaban adentro. Sólo algunos valientes se animaron a bajarse del auto para evitar la cola de cualquier demorado baño, que en las estaciones de servicio eran interminables.
En la avenida 32, los fanáticos desplegaron su ansiedad para mitigar la espera del show. Desde los autos se escuchaban los primeros discos de La Renga mientras las rondas de amigos compartían un fernet , un choripán o una hamburguesa. Algunos ataron sus banderas a los árboles del boulevard y se sacaron fotos para inmortalizar su travesía, desde Salta, desde Mendoza o desde Comodoro Rivadavia; otros, con una tela, improvisaron un techo para resguardarse de la lluvia, que por un piloto de 5 pesos podía ser desafiada.
A los clásicos cantos del público rengo, acompañados por petardos y banderas, se sumó el “Hay que saltar, hay que saltar, porque Los Piojos, no tocan más”, que se repetiría luego dentro de la cancha.
A LA CARGA TU ROCANROL
A las 21, ya con más de medio estadio lleno, se colgaban banderas y se cantaba pidiendo la presencia de Chizzo (voz y guitarra), Tete (bajo), Tanque (batería) y Manu (armónica y saxo) sobre el escenario. Rápidamente el estadio quedó repleto: el campo estuvo colmado durante todo el show, y la platea y las populares terminaron de completarse poco tiempo después de comenzado el recital. Cerca de las 22, las luces del Estadio Único se apagaron, en dos tiempos. El público estalló y empezó a ponerle calor a una cita que se extendería durante dos horas y media.
La primera silueta que se reconoció arriba de las tablas fue la del dueño del jardinero más popular del rock argentino. Tete, esta vez con jean, camisa, chaleco y las inconfundibles trenzas de su barba, disparó los primeros acordes de la noche. Con “Almohada de piedra” la banda de Mataderos empezó un nuevo – y mágico - encuentro con su público de siempre. Los que estaban refugiados bajo techo se le animaron a la intemperie, un poco porque la lluvia había casi desaparecido, y otro poco porque era inevitable sentir la fuerza que nacía en el escenario e inundaba todo la cancha.
El primer clásico fue “Tripa y corazón”, que encendió aún más al público, seguido de “A tu lado”. Fue entonces la primera de las interminables demostraciones de velocidad y desenfreno del bajista, que sólo se quedó quieto aquella vez que le tocó estar enyesado en el Estadio Obras. En “El terco” hizo su aparición Manu, que luego de la retirada de Chiflo por motivos de salud, quedó como único encargado de los vientos de la banda.
A esta altura, el público no tenía descanso en el campo ni en las plateas; y cuando la banda paraba para afinar instrumentos o para que Chizzo cambiara de guitarra, coreaba las típicas canciones de aliento.
Luego de “Montaña Roja” y con el arreglo introductorio que le agregaron hace varios años, vino “En el baldío”, que derrumbó el estadio por primera vez y generó un aplauso interminable. Para seguir en clima, y con declaradas intenciones de desmentir las versiones de separación de la banda (ver recuadro), Chizzo anunció un clásico de Esquivando charcos (1991), que fue recibido de la mejor manera por las miles de personas que habían ido a verlos: “Moscas verdes, para el charlatán” . Y redoblando la apuesta, presentó “Canibalismo galáctico” , un tema inédito.
YA ESTÁS EN AMBIENTE, YA ESTÁS BIEN CALIENTE
“ Desnudo para siempre” (o Despedazado por mil partes) fue otro de los momentos más celebrados por el público, que tapó la voz de Chizzo en el estribillo – precedido por un alentador “¡Vamos ahora!” -, puso de pie a la platea entera e hizo que se desplegara una de las banderas más grandes de la noche. Siguieron “Al que he sangrado” y “El ojo del huracán”, acompañado por un juego de luces que proyectó las sombras del guitarrista y el bajista en el medio del campo.
Desde el público voló una zapatilla hacia el escenario y Chizzo fue contundente: “¡La puta madre!, ¿quién tiró la zapatilla?, ¿quiénes los mandan, Los Piojos?”, haciendo referencia, probablemente, al cambio de fecha de la banda de El Palomar, que se estableció el mismo día que la presentación de La Renga. Miles de voces volvieron a festejar la disolución del grupo liderado por Andrés Ciro Martínez y luego se encargaron de la primera estrofa de “Cuándo vendrán”, un juego ya clásico entre La Renga y su gente.
Después de “Ruta 40” , llegó uno de los momentos más fuertes de la noche: con un comienzo en clave reggae, tal como está grabado en el disco Despedazado por mil partes (1996), y una potencia rockera arrolladora después del primer estribillo, como sucede en la versión de Bailando en una pata (1995), sonó “El viento que todo empuja”, un himno entre los fanáticos de la banda y toda una declaración de principios. “El rey de la triste felicidad” y “La razón que te demora”, cerraron este segmento del show y el grupo se tomó diez minutos de descanso.
Y ME GUSTA EL ROCK, EL MALDITO ROCK
“Todavía siguen acá”, dijo Chizzo y anunció que el recital era transmitido en vivo por la Asociación Mundial de Radios Comunitarias. “Es una señal que se entrega al que la quiera levantar, para democratizar los medios”, explicó Manu, y la gente celebró la medida.
Ya cuando el calor de los corazones rengos le había ganado la pulseada al frío polar del invierno que está asomando, vino “Detonador de sueños”, seguido de “Panic show”, tema que supo abrir recitales y ahora, ya convertido en clásico, suena sobre el cierre. “El rebelde”, con Chizzo y Tete comulgados en el centro del escenario, abrió rondas en el campo, arengadas detrás del doble bombo por Tanque, que acompañó las canciones de aliento con su batería.
Para terminar sonaron “Oscuro diamante”, “El final es en donde partí” – que incendió las gargantas de las más de 45 mil personas presentes y renovó ese pacto tácito de locura entre la banda y su público – y el himno de cierre, en el que hay que dejar el alma y esperar a la nueva cita, al próximo viaje: “Hablando de la libertad”.
En medio de esa agonía dulce, cerca de las 00.30, se encendieron las luces del estadio, que descubrieron a toda su población saltando, hipnotizada por la última canción de la noche. La gente coreó sus estrofas, la banda acompañó con sus melodías, cada uno cumplió con su parte para que la de La Plata fuera otra de las tantas fiestas inolvidables.
Después vinieron los agradecimientos, la desconcentración, las banderas enrolladas, los puntos de reunión y los micros de vuelta a casa, para esperar nuevo disco, nuevo show y la prolijidad, la energía y el vínculo de cariño y de respeto que une a La Renga con los cientos de miles de fanáticos que los siguen en todo el país.
Como dice Tete, cada vez que les dice “Hasta luego” a los suyos: los mismos de siempre, una masa.
“¡ La Renga no se separa, viejo!”
Chizzo aprovechó el encuentro con su público y fue rotundo al desmentir las versiones de disolución de la banda. “Hubo varios rumores que hablaron de separación y de la suspensión de este show, en periódicos y en la radio; hay Renga para rato”, aseguró. Y dedicó Moscas verdes, para el charlatán “a todos los que hablaron y escribieron giladas”.
Después presentó Canibalismo galáctico , un tema inédito. “Para que vean que esto sigue, esperen el próximo disco, nosotros esperamos que les guste”, sentenció . La banda está abocada a la preparación del que será su octavo disco de estudio.
LISTA DE TEMAS:
* Almohada de piedra
* Tripa y corazón
* A tu lado
* El terco
* Montaña roja
* En el baldío
* Moscas verdes para el charlatán
* Canibalismo galáctico (tema nuevo)
* Estalla
* El cielo del desengaño
* Cuando estés acá
* El rastro del conciencia
* La boca del lobo
* Desnudo para siempre (Despedazado por mil partes)
* Al que he sangrado
* El ojo del huracán
* Cuándo vendrán
* Ruta 40

















