indio13 de Noviembre de 2010, Tandil

INDIO SOLARI

Crónica de Maximiliano Fiorucci / fotos de Ariel Bacca

Cómo se explica que jóvenes -y no tan jóvenes- hicieran cientos de kilómetros para saltar y cantar a 300 metros de un escenario? ¿Cómo se le explica a alguien que desconoce el peregrinar ricotero, que la misma cantidad de habitantes que tiene una ciudad se vio duplicada
por un par de días? Estos interrogantes tienen una explicación mucho más profunda de lo que pueden intentar explicar los medios de comunicación y va más allá de una simple melodía de rock. Lo que sucedió en Tandil el 13 de noviembre, y que hace años viene sucediendo con este fenómeno, podría relacionarse con una forma de cobijo popular que trasciende barreras sociales, culturales y hasta musicales. Una manada viajera impulsada por un sentimiento masivo de “sentirse parte”, que emociona hasta las lágrimas. Una troupe que se traslada donde sea sin importar la forma ni las distancias. Eso fue justamente lo que sucedió en el último show del Indio Solari.
indio2A más de un año del concierto en Salta, la única fecha de Solari en 2010 prometía una fuerte concurrencia cuando hace unos meses atrás se anunció en un lugar donde por su capacidad difícilmente se agotarían las entradas. Desde ese mismo momento, un simple aviso en un diario y otro en un sitio web desataron la locura de quienes se encargaron de acrecentar la ansiedad
durante meses, se organizaron para viajar y conseguir hospedaje en la zona de las sierras y armaron la mochila viajera para vivir la experiencia de presenciar la misa India en un lugar ya conocido -en 2007 la gira Porco Rex invadió Tandil con 50 mil almas- por muchos de los redonditos de todo el país.
A las 18 ya había ingresado al predio una buena cantidad de público aunque en las afueras  todavía aguardaba el grueso de los seguidores celebrando la previa con rock & roll. Adentro la imagen era impactante y premonitoria de una verdadera fiesta. Un campo inmenso en el que a lo lejos se podía observar cuatro torres de parlantes con pantallas gigantes. Y mucho
más lejos aún, un escenario con varias pantallas de alta definición. Las Banderas, esas que para muchos son simples lienzos pintados pero sus dueños saben que poseen toda una historia sentimental, se fueron colgando en las paredes de fenólico que delimitaban el predio central del
hipódromo de la pista donde compiten los burros. Cientos y cientos de metros adornados
por trapos de todas las procedencias, de todos los colores y tamaños terminaron rodeando la “zona india”.
indio3La espera se animaba con los clásicos cantitos populares acompañados por alguna que otra bengala. “Teque teque, toca toca / esta hinchada está re loca. / Somos todos redonditos, redonditos de ricota”, “Esta es tu hinchada la que tiene aguante / la que te sigue siempre a todas partes. / Y la que nunca te va a abandonar / Los Redooó…”. Emocionaba ver a padres con sus hijos al hombro mostrando orgullosos a sus herederos como es estar en un ghetto de alegría incompresible.
indio4Alrededor de las 22 horas, una hora más tarde de lo que se anunciaba en las entradas, las luces de las torres se apagaron y la caldera comenzó a hervir. Luego de la ceremoniosa introducción que se ha utilizado durante toda la etapa solista del Indio y posterior presentación de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, sonaron los acordes de un arranque impensado: “Jugo de tomate”, cover de la legendaria banda Manal que sorprendió mucho más a todos cuando cerca de su final la banda lo empalmó con “Un tal Brigitte Bardot”, inédito ricotero que no se oía en vivo desde 1998 (lo tocaron Los Redondos en Villa María y Racing). Un repertorio repleto de emociones y novedades.

 

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