18 de Abril de 2009
PELADOSKY
Crónica de El Preso
Nos estaban esperando los muchachos y nos llevaron hasta un hotel en el centro de la hermosa Bahía Blanca, una ciudad maravillosa que nos brindaría más tarde un recital mágico de los amigos que se renombran como pelado en ruso: Peladosky. Estaban en prueba de sonido pero la suspendieron para recibirnos con cordialidad categórica, así que nos acomodamos con Ariel Bacca, el fotógrafo de la revista, en la zapie. Y enseguida salimos urgidos por la propia sed de recorrer, de oler las calles y sentir la resonancia magnética de las almas deambulantes de una gran ciudad que resuena medianamente apurada.
La plaza es grande, de unas cuatro manzanas, y los chicos corren mientras las madres lucen lucientes y algunas hasta relucientes. De los padres no pienso emitir opinión alguna por razones obvias. La catedral está en reparación por lo que está enfundada en andamios y media sombra, lo que me permite no buscar la entrada para expiar algunos pecados antiguos que se me regurgitaron instantáneamente. Superado el trance, buscamos con Ariel -armado con su más terrible arma: la cámara con la que siempre apunta y dispara- un bar para empezar.
La movida del rock en Bahía Blanca no es muy nutrida, históricamente bandas como T.N.T, Mate, ZTWA (con una onda Serú Girán) matizaban los clubes de los barrios, ya que era impensado tocar en bares o directamente prohibido por mal gusto en un teatro. A nadie se le ocurría semejante ocurrencia, como diría una vecina que barre las hojas secas de un paraíso. Quizás las de su propio paraíso.
El Teatro Rossini empezaba de a poco a tomar color, los seguidores colgaban las banderas. Peladosky presentaba PLAGA Y SALVACIÓN, su cuarto disco, demostrando una estabilidad interna y una solvencia musical dinámica y penetrante. El Rossini se adapta perfectamente a este tipo de eventos, es algo así como El Teatro de Flores pero en Bahía.
Cuando se disipó la fila para entrar y los coros empezaron a hacerse escuchar, al mismo tiempo que se agitaban las banderas, el escenario parecía explotar. Peladosky en escena, power trío con cantante cae increíblemente con la fuerza de una cordillera, una mole de sonido compacta y ajustada resquebraja la noche de esta ciudad, el teatro suena temblando en sus
estructuras más íntimas con los 23 temas que se mandaron de corrido y al palo. Una curiosidad es que el Pelado dialoga con el público entre tema y tema y hay un ida y vuelta entre canción y canción. Buen escenario, buena concurrencia, buena madera y ese diálogo que explica cada tema y responde a sus seguidores, preguntas y alientos varios, gritos y pogo incluidos los muchachos suenan perforantes y el pelado se mueve con la prestancia de una serpiente, se despliega escénicamente y tanto Nando (con su bajo contundente) como el Negro (con una guitarra de dos palas) suman contundencia con la bata bárbara de Guiso. Un mensaje de paz, ecológico y de familia recorren los temas. No quieren el polo petroquímico que contamina, quieren salvar el mundo, lo quieren cambiar. Es el mundo a lo que Peladosky apuesta. Temas como “Larguémonos”, “Sentimiento Argentina”, “Tierra” y el dedicado a Mavi, “Hermoso ángel”, y su explicación hizo que este cronista anudase la garganta. ”Chamuyo” y terminamos con “Levitantes”. Nadie se mueve, los últimos temas los pibes y pibas poguearon con la revista Mavirock en alto y anudóse garganta nuevamente para quien crónicamente hace la crónica como un crónico ebrio consuetudinario que se siente en casa.
Después de beber unas cervezas artesanales buenísimas nos fuimos a dormir y les permitimos a los Peladosky disfrutar del éxito en su intimidad. Debo aconsejar a nuestro fotógrafo optar por el celibato pues ronca como si estuviese atragantado con un mamut, hasta hizo levitar el televisor de la habitación. Mi solución fue química, pasta y a no escuchar nada. Al día siguiente, luego del almuerzo, todos nos fuimos al Parque de Mayo, con unos hermosos lagos, lindo paseo, fuimos caminando en una buenísima tarde hablando afablemente. El bajista Fernando labura arreglando locomotoras del tren, livianito el laburo, ¿no? El Pelado Esteban se gana la vida haciendo subir al cielo almas de aves, en un pequeño frigorífico. Hernán cambia la guitarra de dos palas por su oficio de chapista, en el llerta a puro martillo y masilla. Juan deja los palillos por las maquinarias de Gutemberg, en una imprenta. Y el quinto es Marcelo Pla, que ilumina y hace de todo mientras no labura en la construcción. Por lo visto el arte necesita personas que puedan ver la vida para luego cantarla y no estar encerrados como escribió el inoxidable Enrique Symns en la nota del número pasado. Por último Nicolás y su mujer pintaron la cara de Mavi en su bandera. Gracias amigos de Peladosky, el rock y la misma ruta imaginaria nos llevarán al mismo horizonte.



















