Creador y conductor del clásico radial “La venganza será terrible”, habla del terror que le produce el paso del tiempo, de la industria discográfica y del guión de un falso documental de acaba de terminar con Juan Campanella en la dirección.
Entrevista de Gustavo Masutti Llach
Libros. Es lo primero que impacta del paisaje de la casa de Alejandro Dolina una vez que se sube el primer piso por escalera. Las estanterías llenas ocupan dos paredes y en la mesa se apilan unos pocos más, como al azar. Algunos de ellos aún visten celofán. En la multitud de títulos y autores se mezclan León Tolstoi con Eric Hobsbawn y William Shakespeare con Paul Johnson y Jacobo Winograd.
“¿Perdón?” digo con el ejemplar de “Billetera mata galán” en la mano. Lejos de hacer una finta intelectual que lo deje bien parado, el creador y conductor de “La venganza será terrible” (Radio Nacional, AM 870, lunes a viernes a la medianoche) se hace cargo: “Me lo mandó la editorial y le voy a dar una oportunidad. Me imagino que debe ser divertido”.
-¿Qué relación tenés con la cultura rock?
-Muy poca. Los chicos que me vienen a ver son roqueros (se ríe).
-Por eso te lo pregunto.
-No lo termino de entender porque no hago concesiones ni adapto el lenguaje o los temas. Los chicos que cantan en el programa también abrevan un poco en esas aguas. Pero no tanto, porque son bastante tangueros también.
-Bueno, a los roqueros argentinos cuando van al exterior les dicen que hacen tango- rock. Puede tener algo de estereotipo…
-Aunque tal vez lo llevemos un poco en la sangre ¿no? Que seamos tangueros inevitablemente,
aunque uno decida no serlo.
-Me dijiste que no descartás volver a hacer un programa desde el estudio por primera vez en años porque la radio está en un barrio (Microcentro) que no es amable para el público de noche.
-Sí, porque tampoco puedo pedirle a la radio que me banque el alquiler un teatro.
Es posible que lo hagamos en el estudio. Tuvimos algunas pruebas sin querer.
-¿Cómo es eso?
-A principio de año estuve enfermo con un asunto de vértigo, una gilada que me tuvo encerrado en casa un tiempo largo.
Por eso salimos al aire varias veces desde acá. Nos reíamos como locos, pero es otra
cosa. Está de más decir que tener enfrente un teatro lleno con mil tipos es distinto.
-¿Cuál fue tu mayor convocatoria?
-Creo que 15 mil personas en Montevideo, durante un festival. Aunque ese no fue un buen programa. Pero en Rosario sí, y llegamos a diez o doce mil. Había gente que ni nos veía. Iban hasta el lugar y abrían la puerta de los autos para escucharnos.
Ese nivel de fidelidad también es muy estimulante. Imaginate lo poderoso del silencio de toda esa gente. Todo eso lo pierdo en el estudio aunque Dorio se ría o Barton me cebe mate. Ojalá que todo se arregle y que Nacional nos encuentre un buen lugar para ir.


















