BLACK AMAYA
Después de haber tocado en Pappo´s Blues y Pescado Rabioso, el legendario baterista del rock argentino sigue en carrera con su quinteto de boggie woogie y La San Luis Electric, una banda de covers. Dice que no le teme a las giras y sale a la carretera con su mujer, su hijo y unos buenos músicos puntanos.
Entrevista por Ángel Altavilla
En los camarines del auditorio de la Universidad Nacional de San Luis hay nervios. Es que Black Amaya se presenta con La San Luis Electric por primera vez en la UNSL -es el tercer concierto local que da en cuatro meses- y está ansioso por salir al escenario.
—Lo que más me gusta es que personas que vieron el show anterior me piden tocar.
Para ésos me preparo: para sorprender a los que ya conocen el material y quieren algo nuevo.
Y si de material se trata, Black tiene en sus manos el archivo completo del rock argentino, labrado en los lejanos sesenta.
La técnica y la potencia de Black Amaya sobre los parches llegaron en los 60 a los oídos de Billy Bond, que lo convocó para que rompa todo en las zapadas fenomenales que realizaba con La Pesada del rock and roll, codeándose con Moris, Rino Rafanelli, Alejandro Medina, Isa Portugueis o Jorge Pinchevsky, Almendra, Los Gatos, Manal y Sandro, en interminables
noches en la Cueva de Once.
—Las bandas viejas que me marcaron musicalmente y en especial con la batería, fueron muchas, pero diría que primero los Beatles y los Rolling Stones (su primer grupo con Héctor Starc se llamó Las Piedras). Después hubo otra gran camada, pero me quedo con el Fleetwood Mac, de Peter Green o Led Zeppelin.
Hoy, Black Amaya mantiene viva la tradición con su hijo, Juan Agustín, en la percusión de La San Luis Electric. En vivo suenan pulidos y efectivos, no por algo al baterista líder le dicen “El Dictador”, apodo que traspasó las paredes de la sala de ensayo. Y el hombre lo toma con gracia, sin embargo el trabajo es sagrado. Cada vez que tienen que ensayar, Jorge (bajista)
y Facu (tecladista) viajan unos doscientos kilómetros desde Concarán a la capital donde tienen la sala de ensayo montada en la casa de Víctor García Garro (guitarra y voz), y ahí también se suma la otra guitarra, la del “Zorrito” Paroldi.
—Hay un nombre, ¿viste? Ensayamos poco pero bien, no puedo viajar al pedo si los pibes no se comprometen, los errores en vivo se pagan. Por eso antes de tocar tampoco quiero alcohol ni nada que los distraiga, que estén descansados porque arriba del escenario tenemos que dar todo.
Después… (sonríe pícaro) que hagan lo que quieran.
En el camarín hay ruido de envases y vasos chocando. Las risas que generan las anécdotas de Amaya tapan las canciones que interpretan Los Rehenes, la banda telonera.
—Estoy muy contento de tocar otra vez en la capital (de San Luis). ¡La tercera vez en cuatro meses! Tengo un show en Córdoba y ya me comprometí a tocar en un recital benéfico por Rubén Basoalto (baterista de Vox Dei, ambos con gran parecido físico).
Nos reíamos porque la gente nos confundía mucho en otra época, lo paraban en la calle y le gritaban: “¡Dale, Black!”. Y él les decía: “Ése toca con Pescado, yo soy de Vox Dei”, y conmigo pasaba lo mismo.
Con el tiempo sabremos que mientras Vox Dei planeaba ese rescate emotivo, Rubén estaba en coma en el Hospital Argerich, y falleció el miércoles 3 de noviembre, a la misma hora que La Electric ensayaba para el concierto de Córdoba.
PALABRA CLAVE: POWER TRÍO.
Por la pirotecnia y precisión de sus golpes está inscripto por derecho propio en la Enciclopedia del Rock Nacional. Cuando Norberto “Pappo” Napolitano volvió de Inglaterra impactado por la “Experience” de Hendrix, creó la versión argentina, llamó a Black y a David Lebón al bajo.
Un guitarrista de la puta madre al bajo. Ésa era la contundencia que tenía Pappo’s Blues. El Negro Black (como le decía el “Carpo”) grabó tres VOLÚMENES (I, II y IV), BLUES LOCAL (tiene el Disco de Oro colgado en su casa) y finalmente PAPPO SIGUE VIVO (nombrado así por un accidente del “Carpo”), que no se olvidó de Amaya y lo llamó a participar de los pocos shows de La Juanse Pappo Roll Band, un gusto que se dio el líder de los Ratones Paranoicos en 1994. Con Pappo’s Blues fueron soportes de B. B. King, Guns N’
Roses y The Rolling Stones, y llenaron el estadio Obras.


















