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ANDY CHANGO: "SOY FANÁTICO DE LOS DEFECTOS"

De regreso a la Argentina, el ex Superchango conduce un programa en la medianoche de los sábados de la FM Nacional Rock donde selecciona música, recomienda lecturas y toca el piano con sus invitados.

Thursday, 28 November 2013 | Written by 

El programa de televisión se llamaba Indomables y lo conducía un experto en eso de hablar de la vida privada de la farándula llamado Lucho Avilés. El invitado era un personaje alto y flaco, de cabello ondulado por encima de los hombros, anteojos pequeños, saco blanco y hablar vertiginoso. Lo poco que se conocía de Andy Chango hasta ese momento en la Argentina era que, a mediados de la década del noventa, había grabado un disco con una banda, Superchango, y que posteriormente había emigrado a España en búsqueda de mejor suerte. "¿Necesitás un vaso de agua? ¿Qué pasa? ¿Te has drogado?", preguntó al aire el conductor luego de presentar un informe titulado "Después del destape gay, llegó la confesión: droga". A lo que Chango, el invitado, respondió de forma muy tranquila: "La verdad, me drogo todos los días. No me drogué especialmente para tu programa, Lucho". Y confesó, en horario prime time de la televisión abierta argentina, haber aspirado cocaína, haber tomado ácido y haber fumado heroína. "Soy politóxico, tomo más de una droga desde hace diez años", dijo el músico ante la mirada asombrada de uno de los panelistas de programa, el crítico de cine Luis Pedro Toni. El revuelo y las repercusiones que originaron las palabras de Chango hicieron que, al día siguiente, fuera nuevamente convocado a participar de Indomables. Un día después, sentado en la misma banqueta, rodeado de un jurado de panelistas y con el programa al aire le dedicó las primeras palabras de la noche a Luis Pedro Toni, con quien veinticuatro horas antes había mantenido una tensa discusión. "No solo que hoy te quiero y es un placer estar contigo, sino que también me di cuenta de que sos un gran profesional de televisión, y te repito lo que dije ayer: No hay mejor argumento para drogarse que poner el programa de Lucho, escucharlo a Toni y ver a las panelistas. ¿Cómo no caer en la droga después de ver todo esto?"

—No me jode que me recuerden por mi paso en aquel programa de televisión —dice ahora Chango—. De cierta forma, pienso que debo canalizar todo eso con inteligencia. Lo que pasó conmigo me parece un disparate de película, una magnificación enorme de tres programas puntuales en los que habré estado hablando en tiempo neto no más de media hora. Pero se ve que hablaba a toda velocidad y eso llamó la atención.
Durante doce años, las imágenes de Chango en Indomables hablando de tomar "cocochi", "trip", "coquita", se repitieron en cada programa que trató el debate sobre la despenalización del consumo de drogas para uso personal. El archivo televisivo hizo de las tres apariciones en cámara de Chango un referente mediático a la hora de hablar de la marihuana.
—Nunca fui muy consciente de todo lo que habían repetido esas apariciones —dice Chango mientras enciende un cigarrillo en uno de los pasillos del primer piso del edificio de Radio Nacional—. Yo trabajo en radio, hice televisión, soy músico, y si puedo desviar esa popularidad que se creó por un tema que me parece totalmente digno, pero que no es la historia de mi vida entera, le voy a estar agradecido toda la vida. Aunque me aburre que en todas las entrevistas me pregunten por la marihuana.
Andy Chango nació en Buenos Aires en 1970. Y además de tocar el piano y haber editado en 1996 un disco —que no tuvo mayores repercusiones— con su banda Superchango, en España grabó cinco discos solista, compuso música para varias películas y publicidades, colaboró en grabaciones de músicos amigos y se inició como conductor de radio. Desde marzo de 2013 todos los sábados a la medianoche conduce "La espuma de las noches" por la FM Nacional Rock 93.7.
—¿Cómo llegaste de tocar rock a hacer radio?
—Siempre me gustó mucho hablar. En España salía de noche, por los bares, y a veces me sentía vacío después de tanto hablarle a las paredes, o a los amigos. Y en un momento dije "Andy: con todo lo que hablás y te gusta la música, lo tuyo es la radio".
Empezó de a poco, haciendo una columna de humor en el programa de un amigo y conductor exitoso llamado Toni Garrido. Después consiguió su espacio en Radio 3, e hizo también un programa por Internet.
—La verdad, venir ahora a un edificio como el de Radio Nacional me genera una gran ilusión, me hace sentir bien, serio y responsable. Camino por los pasillos, veo las fotos y digo "mirá mis compañeros de trabajo, son unas momias increíbles".
La risa retumba en la escalera del segundo piso de la radio. Son las doce del mediodía de un sábado de agosto y, aunque Chango todavía tiene los ojos hinchados de alguien que se ha despertado hace un rato, sus momentos de ironías y lucidez parecen no tener horarios.
—En un programa que hiciste en España escuché que antes de comenzar le avisabas a tu audiencia que te habías olvidado todos los discos, ¿siempre sos tan informal para hacer las cosas?
—No, no, qué raro. Habrá sido la única vez en cinco años. Siempre me produzco los programas con absoluta responsabilidad. Los invitados vienen por gestión mía. Lo de los discos que decís me llama la atención, me puede haber pasado alguna vez y, seguramente, lo saqué adelante con todo el caradurismo del mundo. En algunas ocasiones me pasa que confío en la improvisación y, dependiendo de la onda que haya con el invitado, siento como un vacío en el programa. Pero es el cinco por ciento de las veces. Yo preparo las cosas. Por ejemplo, el programa de hoy lo tengo muy preparadito.
—¿Hiciste de la improvisación y la espontaneidad tu estilo de hacer las cosas?
—Creo que ser descontracturado es parte de mi lugar en el mundo. No soy fanático de la perfección en absoluto, sino que soy un defensor de los defectos y la desprolijidad, siempre que sean con contenido y espíritu. Creo que la misión de mi programa es que los oyentes sientan algo y, en el mejor de los casos, les genere ganas de leer un libro, o ir a buscar una canción. Lo mío no es hacer cualquier cosa. Todo lo que hago está filtrado por mi criterio.
Mientras habla, Chango enciende un cigarrillo tras otro, se acomoda el pelo y se asoma a una de las ventanas que dan al pulmón del edificio para soltar una bocanada de humo.
—Creo que debería haber más programas y propuestas en las que no se sepa bien qué va a pasar. Debería haber un margen para eso. Podría estar buenísimo. ¿Viste cuando hace varios años Charly iba drogado al programa de Susana y prendías la tele porque no sabías si ibas a escuchar una genialidad o ver algo patético? Bueno, esa adrenalina me gusta mantenerla, pero en una pequeña escala.
Chango estuvo dieciséis años viviendo fuera de la Argentina y las pocas veces que vino de visita armó una banda para tocar, dio algún recital de rock y participó como invitado en diferentes programas de televisión. Dice que, durante todo ese tiempo, cada vez que llegaba al país encontraba a Buenos Aires en el mismo estado que la había dejado en 1997.
—Fue como si en todos esos años a la ciudad no le hubieran pasado ni una escoba. El subte está igual a cuando yo lo tomaba para ir al colegio Nacional Buenos Aires, hace treinta años. No pintaron una pared, no cambiaron un coche ni limpiaron un asiento.
—¿Y la música?
—Ahora hay bandas que son muy famosas y yo no sé quiénes son. No tuve mucho tiempo de escuchar grupos nuevos porque desde que llegué estoy ocupadísimo y todos los músicos que voy a ver tienen algo que ver con amigos o son invitados de mi programa. Por ejemplo, hoy viene un músico llamado Pablo Dacal y me voy a tomar el trabajito de ir a La Boca a verlo tocar para hablar de él en la radio con fundamentos. Pero mi lista de amigos no es infinita, creo que ya llega el momento de curiosear un poco, salir a ver a esos músicos que me mandan el disco y detectar nuevas bandas. Lo que pasa acá con el rock sigue siendo interesantísimo, y eso no se da en España. La oferta cultural que tiene esta ciudad, ya sea a nivel underground o comercial, la cantidad de obras de teatros, conciertos y bares para salir de noche, es un florecimiento espectacular para gente como yo. Esta ciudad sigue siendo súper potente.
Esta vez, Chango dice que regresó a la Argentina con ganas de quedarse definitivamente. Por eso trajo también a su hija Martina, que está en cuarto grado, y se puso la consigna que, para no volverla loca, se quedará en el país hasta que por lo menos termine el colegio primario.
—Cuando me instalo en algún sitio nunca me planteo que sea para siempre, pero en el fondo es así. Es al revés de cuando tenés una novia y querés que sea para siempre, porque en el fondo terminás dándote cuenta de que eso es imposible. Es como el amor: uno nunca puede saber si será para siempre o no. (...CONTINÚA)

LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN N°26 DE REVISTA MAVIROCK.

 

Edición Nº 37 (desde el 19/12 en los kioscos)

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