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BALTASAR Y GASPAR, MAGOS DE LA GUITARRA

Por primera vez juntos, los violeros de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado dan la nota. De las noches que tocaban por dinero en un casino de San Martín de los Andes a los mega shows multitudinarios de Indio Solari.

Sunday, 05 January 2014 | Written by  | Fotos: Edgardo Kevorkian

Virtuosismo y perfección. Riffs furiosos y solos endemoniados. Fender Stratocaster y Gibson Les Paul. Baltasar Comotto y Gaspar Benegas, los guitarristas explosivos que acompañan a Indio Solari con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, se conocieron una tarde de 1993 cuando el primero tenía 18 años y el segundo 15. Los presentó un amigo en común llamado Teo, que durante mucho tiempo pensó que si tenía dos amigos guitarristas y rockeros, debían conocerse. Y nunca más se separaron. Siguieron siempre en contacto, juntándose en la casa de alguno a zapar y a pasarse acordes y secretos que descubrían con la guitarra. Baltasar es alto, flaco, tiene el pelo con una pequeña cresta y habla con cierta timidez. Gaspar es un poco más bajo y robusto, tiene la pelada brillosa como Solari y una artillería de respuestas en tono humor ácido. Es un martes lluvioso y húmedo de noviembre en un bar de Buenos Aires. Balta y Apai -así se llaman entre ellos- están sentados frente a frente, mirando los videoclips, que pasan uno tras otro en un canal de música, en una pantalla de led gigante que cuelga de una de las paredes del local. Gaspar hace un comentario sobre el sonido de la banda que están pasando. Baltasar se ríe y abre los ojos grandes como advirtiendo que tenga cuidado con lo que va a decir.

-Cierto que estamos con un periodista –dice Gaspar, mientras se sirve un vaso de agua mineral-. Tenemos que tener cuidado.

 

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Baltasar nació en 1975 en la ciudad de Buenos Aires. Hijo de un abogado laboral, se acercó a la música desde muy pequeño de la mano de sus padres y hermanos. De ellos heredó a los 5 años los primeros discos de vinilo y cassettes de grupos como AC/DC, Led Zeppelin y Jimi Hendrix.
Gaspar nació en 1978 en la ciudad de El Bolsón. Hijo de la cantante María José Cantilo, vivió allí –sin electricidad- hasta cumplir los cinco años.
-Era como vivir en otra época. No conocía ni a los Superhéroes. Escuchábamos en una radio a pilas la única emisora que llegaba y ni siquiera pasaba música. Eran todos radioteatros Malísimos. Tenía cero de cultura musical.
Pero en 1982 su madre decidió continuar su carrera musical en Buenos Aires. Se mudaron a la gran ciudad y, cuando llegó y descubrió la televisión y el sonido distorsionado de la guitarra eléctrica, le pareció de otro planeta. Lo único que había escuchado de música era la que hacían en vivo su madre y sus amigos músicos en los fogones. Y a los 8 años, Gaspar tenía una sala de ensayo en su casa. Una juguetería de instrumentos musicales: guitarras, batería, porta estudio, teclados. El pequeño Gaspar esperaba cuando se iban los músicos que tocaban con su madre -Oscar Moro, Kubero Díaz, entre otros- y comenzaba a enchufar los equipos.
-Hacía cagadas, quemaba teclados, cortaba las cuerdas de Kubero (guitarrista de La Pesada del Rock and Roll), me odiaban todos.
El primer recital de rock al que asistió en su vida fue el festival B.A.Rock en 1982, en el que se presentó su madre.
-Me acuerdo muy poco, pero estaba asustado. Era jodido ser mujer, tener que salir al escenario y enfrentar a esa monada con una guitarrita. Imaginate que era un recital en el que cuando subió Celeste Carballo le volaron la geta de un monedazo.
Baltasar se ríe.
-Entonces le dije a mi mamá: "Bueno, ahora salí vos. Suerte".
En esa misma época, la familia de Baltasar llevaba cinco años de exilio político en España.
-Mi viejo era abogado laboral y lo perseguían –dice Baltasar, mientras revuelve un café-. Allanamiento de acá, allanamiento de allá, primero fuimos a Uruguay y después estuvimos seis años en Europa. Volvimos con mi vieja y mis hermanos, y a finales de 1983 asumió (la presidencia) Alfonsín y mi viejo también pudo volver. Cuando llegué a la Argentina tuve que empezar a hacer nuevos amigos. Así fue como un día conocí a Apai.

 

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A las doce del mediodía el bar de la calle Dorrego comienza de a poco a llenarse. Cada tanto Baltasar se distrae mirando un videoclip en el televisor y Gaspar leyendo los mensajes que le llegan a su teléfono celular.
Gaspar nunca pensó que podía ser un guitarrista exitoso, productor de bandas emergentes, y que podía vivir de la música. Lo que sí sabía era que quería tocar la guitarra todo el día, y abandonó el colegio secundario.
-Después cuando conocí a Balta empecé a estudiar un poco de música.
-Menos mal –dice Baltasar con una sonrisa y la cabeza apoyada contra la ventana del bar.
-Empecé a levantarme temprano, a poner una pava y a estudiar.
-Hay que decir a favor de Gaspar que yo nunca conocí a una persona que a los 15 años reprodujera el sonido de Hendrix, o John Frusciante, que para el año 1993, que creo fue cuando nos conocimos, era muy raro encontrar. Quizás había violeros muy buenos pero eran clásicos, más de la vieja guardia. A mí me llamó enseguida la atención de Gaspar que era muy bueno y tenía mucha facilidad para reproducir el sonido de esos guitarristas. Recuerdo que nos juntábamos en mi casa a grabar en una porta estudio 424. Tenemos demos que no sé dónde estarán, quizás los tiene Teo.
Gaspar y Baltasar son exponentes de una nueva generación de violeros que crecieron influenciados por el grunge de Nirvana, Soundgarden, o el sonido pragmático y moderno de Red Hot Chili Peppers.
-En los noventa a los dos nos pegó mucho el sonido de esas bandas –dice Baltasar-. Cuando salieron esos grupos a mí me cambió la cabeza. Era como volver a escuchar Zeppelin.
-Creo que hay mucha diferencia en cómo se producen los discos en el extranjero y en la Argentina –dice Gaspar-. Cuando uno es músico tiene la oreja muy afilada y se da cuenta que, salvo algunas producciones de acá que están a nivel internacional, hay discos hechos en Estados Unidos o Inglaterra que los escuchás y nunca podés entender cómo se hicieron. Entonces son un poco el camino a seguir, porque a nivel de producción y sonido te das cuenta que están lejos. Por más que uno reniegue de la penetración cultural de Estados Unidos, siempre sale una banda yankee que te mata. Y no podés hacer nada. En los noventa los ingleses estaban con el britpop y no pasaba nada, era música muy Punta del Este. Ahora están mejor.
-A mí no me llegó el britpop de los noventa.
-Blur estaba bueno, pero en algunas ciudades de Estados Unidos como Seattle o Nueva York estaban mejor. El rock es de ahí. Podés escuchar todo el rock nacional y conocerlo, pero las raíces son de allá.
El primer trabajo de productor que hizo Gaspar fue con su madre. Tenía 21 años y, por pedido de ella, hizo los arreglos de las canciones y las grabaciones que terminaron en el disco. Unos años después, recomendado por otro amigo músico, desembarcó en el mundo del jingle publicitario.
-Hice uno que cantó Fabiana Cantilo y fue muy conocido. Fue el único boom del jingle que viví. Yo no planeaba vivir de la música y descubrí que en esto tenés que trabajar mucho. De hecho cuando conocí a Balta yo trabajaba de barman en El Morocco, con un travesti gigante al lado.
El Morocco fue un boliche emblemático de Buenos Aires en el que en la década del noventa convivían actores, músicos, funcionarios, drag queens, punks y modelos top. Gaspar era el jefe de barra y se tenía que ocupar de todo.
-Ahí trabajé dos años.
Para poder vivir de la música, Gaspar piensa que hay que aceptar todos los trabajos que se presentan. Lo dice un guitarrista que, además de componer jingles publicitarios, dio clases de guitarra, tocó en un grupo de cumbia a la mañana y en otro de rock a la noche. Y un poco de eso todavía sigue haciendo. Ayer estuvo de jurado en el concurso Tigre Rock, esta mañana, antes de venir al bar, estuvo produciendo el disco de una banda de Tucumán y mañana tocará con Las Manos de Filippi en Groove.
-Son todos trabajos que hago porque... Imaginate, el Indio toca cada dos años. (...continúa)

LEE LA ENTREVISTA COMPLETA A BALTASAR Y GASPAR EN LA EDICIÓN N°27 DE REVISTA MAVIROCK. A LA VENTA EN KIOSCOS DE DIARIOS Y EN ESTA WEB.

Edición Nº 37 (desde el 19/12 en los kioscos)

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